domingo, 21 de noviembre de 2010

Y tú, qué haces: ¿Creación? ¿Copia? ¿Plagio?

El proceso de creación, la generación de conocimiento, el acceso a la información son temas de debate en estos tiempos de mudanza y de nacimiento de nuevos modos de producir y de comunicar.

Es evidente que la generalización del uso de internet ha creado un nuevo espacio de intercambio, pues esa es la esencia de la red: una malla cuasi infinita de nodos entrecruzados que forman el esqueleto sobre el que se soporta una importante parte del conocimiento en la actualidad.

Ese ciberespacio que nos abre sus puertas permite, de un modo insospechado hasta ahora, la libre difusión del conocimiento y de la información. Pero crea también un nuevo mercado, en el que las mercancías son precisamente los contenidos culturales, informativos, de entretenimiento.

Y esa realidad nueva plantea el debate, desde mi punto de vista, en dos planos, que probablemente se entrecruzen: el primero abordaría la discusión sobre qué es creación y qué copia y el segundo plano nos lleva a discutir sobre el derecho a la propiedad intelectual y a los beneficios económicos e inmateriales que esa propiedad comporta. 

No es, seguramente, una entrada de este modesto blog el lugar más indicado para el debate, que, seguramente deberá desarrollarse en el foro de nuestro curso, si nuestros profesores consiguen llevar la discusión a ese terreno y encontramos el momento de participar en ella, en medio de la marea de cosas que conforman nuestro día a día. No obstante, intentaré aportar aquí unos puntos para animar ese hipotético debate:
  • Hay que hacer compatible el acceso a la cultura con la retribución justa al esfuerzo de sus creadores.
  • La escuela debe impulsar los comportamientos éticos, tanto colectivos como individuales.
  • No debe existir un antagonismo entre la difusión de la cultura y la existencia de un mercado de bienes culturales
  • No hay que penalizar la copia "per se". Al fin y al cabo la copia de informaciones y de actitudes es el modo habitual de nuestro crecimiento intelectual. Shakespeare, por citar a alguien universalmente reconocido como creador, elaboró su obra basándose en el acerbo cultural de su época y en otras obras anteriores y nadie le considera responsable de plagio.